COSAS QUE CUESTAN MUY POCO

 

 

COSAS QUE CUESTAN MUY POCO

 

“Vio también una viuda muy pobre, que echaba allí dos blancas”.    (Lucas 21:2)

 

            Hay cosas en la vida que cuestan muy poco. ¡Y tanto bien que hacen! Las dos blancas de esa viuda muy pobre, ¿qué significaban en términos de valores monetarios? Muy poco.  Sin embargo, ¡cuánto bien han hecho a la cristiandad a través de las edades!  Tan sólo será necesario que nos interesemos un poquito en la otra persona.  Aquel que está rezagado – bien porque nadie lo toma en cuenta o bien por  su timidez – una palabra nuestra puede levantar su ánimo e inspirarle confianza.  Un pequeño, pero sincero reconocimiento a quien está ávido de que alguien le muestre que sabe apreciar sus méritos. Un poco de paciencia para escuchar a quien quiere ser oído.  Y así hay tantas cosas que cuestan tan poco, pero que el bien y la felicidad que proporcionan a los demás son incalculables.  El amor también se siembra como semilla menudita, pero sus frutos  son siempre abundantes.  En tiempos de mucha miseria, en Rusia, en la antigua ciudad de San Petersburgo, un pobre mendigo se encontró un día con el poeta Ivan Turguenev y le extendió su mano suplicándole una limosna.  El poeta buscó en sus bolsillos y no encontró nada que darle.  Se volvió y le dijo con tristeza:  — No se enoje conmigo, hermano mío, pero no tengo nada que darle–. El rostro del mendigo se iluminó de alegría y le dijo: –Usted me ha llamado hermano y esa es una dádiva muy grande–.  Eso es algo que debemos tener presente durante cada hora del día.  ¿Cómo podrás contribuir a la felicidad de otros?  No necesitarás hacer grandes cosas, pero recuerda que hay algunas que están a tu alcance el hacerlas y que cuestan muy poco.  No son las grandes sumas de dinero ni los grandes sacrificios.  Son las pequeñas acciones con el corazón henchido de amor las que bastarán para hacer que otros se sientan felices. 

 

PENSAMIENTO:  Nuestra generosidad no se mide en terminos de las grandes aportaciones, sino por el amor con que nos desprendemos de lo nuestro, sea poco o sea mucho. 

 

Tomado de:  Un Devocionario Para Cada Día- "LUCES ENCENDIDAS"

 

De:  MIGUEL LIMARDO

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